domingo, 28 de diciembre de 2008

Grupos de comunicación, la enfermedad del periodismo en el siglo XXI


Viernes 26 de diciembre.


En los primeros años del siglo XXI se está gestando lo que en décadas venideras puede convertirse en la enfermedad que acabe con los principios fundamentales del periodismo: los grandes grupos de comunicación. Periódicos, radios, revistas, televisiones, páginas web… todo regido bajo un mismo consejo de administración. Como diría Kapuscinski, la última palabra ya no la tiene el periodista, sino que la tiene el ejecutivo que preside el medio. El periodismo está dejando de ser manejado por periodistas y va cayendo poco a poco en ejecutivos que sólo buscan ofrecer espectáculo que se traduzca en audiencia. Obviamente, la audiencia se traduce en dinero. Periodismo como empresa. Simple. Ese es el camino de nuestra actividad en los próximos decenios si nadie dice lo contrario.
Un reportero de un periódico, un redactor, cuando se coloca delante de la pantalla de su ordenador para escribir su artículo debe afrontar muchas dificultades censoras de antemano. En muchas ocasiones no puede citar con precisión sus fuentes asique, siguiendo los cánones del buen periodismo, debe verificar por otras vías esa información. Debe emplear un estilo cuidado para no herir a ciertas partes de la sociedad. Existen grupos de presión con los que no conviene meterse en un simple artículo para que tu carrera no caiga en desgracia… y, cómo si todo esto no fuera poco, el reportero también ha de velar por los intereses del medio en que trabaja, del medio y del grupo de comunicación al que pertenece el medio.
No solemos ver que ningún periodista pegue una rajada contra su propio diario o emisora de radio, entra dentro de lo previsible. Pero es que hoy día, tampoco puede emitir valoraciones negativas sobre otros medios del grupo. Cada vez aparecen más mordazas invisibles en el periodismo del siglo XXI.
Esta es una de las consecuencias para el periodista de la conversión de los en grupos de comunicación, de la conversión del periodismo en negocio. Se debería profundizar más en ella, pero quiero esbozar, no solo esta cuestión, sino el resto de perjuicios que creo que provocan la actual organización de los medios periodísticos.
También se está acabando con el periodista especializado. Toda la vida hemos visto auténticos tiburones del medio radiofónico, del medio escrito o de la televisión. A bote pronto, se me viene a la cabeza un caso muy significativo: Iñaki Gabilondo. Toda una institución en la radio. Su nombre debe ir escrito con letras versales en el medio radiofónico. La voz de Gabilondo forma ya parte de la historia de la radio española y, por supuesto, de la Cadena SER. Precisamente, esta emisora forma parte del mayor grupo de comunicación de España: el grupo PRISA. Hace ya unos años, el grupo PRISA decidió emprender una aventura en la televisión en abierto con el canal Cuatro. Fruto de esa des-especialización periodística en el que los profesionales van de un medio a otro o en todos a la vez, Iñaki Gabilondo dio su salto a la pequeña pantalla para conducir los informativos de la cadena.
Ahora, dos o tres años después, la mayoría de las opiniones hablan de gran error. A mí, particularmente me da pena ver como un periodista que lo ha sido todo en la radio se está batiendo el cobre entre la mediocridad viendo como otros luchan por los laureles televisivos.
Es solo un ejemplo, pero es bastante ilustrativo. Frecuentemente vemos en televisión a periodistas de la radio, leemos en la prensa a periodistas televisivos – en este caso es peor, porque muchos profesionales del medio televisivo no son, ni siquiera, periodistas – y escuchamos en radio a profesionales de prensa escrita. Como juntar en un cuenco todo y removerlo. Esto degenera el producto final que se le ofrece al espectador/oyente/ lector. Un periodista puede ser un genio en el medio escrito, puede ser el mejor – Francisco Umbral podía ser un ejemplo –, pero no por ello debe serlo en la televisión o en la radio. Que Matías Prats sea uno de los mejores presentadores de informativos de televisión, no significa que pueda conducir un magazine informativo en radio o su pluma sea tan exquisita que le sea lícito tener una columna diaria en un periódico.
¿Por qué no dejamos que los mejores en cada medio – escrito, radiofónico o televisivo – desarrollen su tarea en él y ya está? ¿No es mejor ofrecerla a nuestra audiencia los mejores profesionales en cada medio sin necesidad de degradar al propio periodista? ¿Es posible que un periodista sea bueno en todo? Si no es posible, ¿por qué nos hacen creerlo?
Sencillamente, porque han convertido – están en ello – el periodismo en un negocio y sale mucho más rentable. Sale más barato que un mismo periodista escriba en un periódico, tenga un programa en la radio y sea contertulio en los debates de televisión. Eso sí, todos perteneciendo al mismo grupo de comunicación. Además de resultar más barato, a corto plazo los resultados son mejores. El nombre de ese periodista que vemos hasta en la sopa dota de credibilidad y de prestigio al medio. La primera vez que vimos que los informativos de Cuatro los conducía Iñaki Gabilondo le dimos un voto de confianza. ¡El gran Iñaki! Sí, pero en radio. Si hubieran puesto una cara anónima tal vez, ni hubiéramos concedido ese beneficio a la duda.
Y la última consecuencia de este mundillo de los grupos de comunicación recae en la propia actividad. Se están reduciendo las oportunidades laborales. Quizá ahora se oferten más puestos, pero la oportunidad de llegar a ser un buen periodista es menor. Sencillamente porque los consejos de administración, que son los que tienen el timón, no quieren buenos periodistas. En primer lugar quieren a aquel que le proporciona audiencia, sea de la forma que sea. Y en segundo lugar quieren nombres. Nombres que por sí solos traigan audiencia.
Por eso hoy el periodista es una especie en vías de extinción a favor del profesional de la comunicación. De las facultades de Ciencias de la Comunicación no saldrán periodistas, sino profesionales de la comunicación que es lo que demandan esos tiburones empresariales que dirigen los medios.
¿Tiene esto retorno?

Amistades y rigor (II)


Miércoles 24 de diciembre, Nochebuena.


¿Qué trato hay que darle a la información de un amigo?
Sucede que los periodistas, los que de verdad son periodistas y no solo profesionales de la comunicación, somos también personas. Sucede que si tu aprecias a alguien será muy difícil emitir una opinión negativa sobre él. Y, aunque no tengas que emitir ninguna juicio, tus simpatías por esa persona te condicionarán la forma de presentar la pura y desnuda información.
Un buen profesor de la Facultad de Ciencias de la Información me enseñó que la objetividad no existe porque, entre otras razones, somos los sujetos quienes elaboramos las informaciones, las noticias. Hablemos de lo que hablemos, inconscientemente, mostramos más simpatías por una parte que por su contraria o viceversa. Más aún si se trata de un amigo.
Si nuestro amigo es un futbolista de gran nivel – por poner un ejemplo – y ha hecho un muy mal partido, si su actuación ha sido nefasta en un encuentro verdaderamente importante, no nos va a apetecer ni tan siquiera sacar el tema. Pero ¡ojo!, no vamos a negar el derecho a la información.
Somos periodistas. Y debemos presentar ese hecho. Y somos personas, y estamos en nuestra legítima opción de no participar en él. Me explico, siguiendo con el mismo ejemplo.
Si tenemos un programa deportivo es obvio que si el partido era importante y que si nuestro amigo es un jugador de gran nivel y ha hecho un mal partido, eso es noticia. Tu audiencia – no en términos numéricos, sino como personas que esperan de ti una información – precisará una interpretación de los hechos y, en el deporte, también una opinión.
Mi concepción del periodismo me dice que hay que poner sobre la mesa ese tema. ¿Cómo os explicáis el pobre rendimiento de Menganito en el partido de anoche? Serán muchas las opiniones vertidas por parte de colaboradores y contertulios del programa. Muchas de ellas, las negativas, te dolerán como amigo que eres de ese futbolista. Mantenerte al margen no lo veo como una opción posible. Si cada vez que la actualidad te salpica de cerca, te apartas, búscate otra profesión.
En este respecto me gusta mucho la fórmula empleada por el periodista radiofónico de la Cadena SER José Ramón de la Morena. Cuando se trata de hablar sobre noticias que afectan a amistades suyas siempre dice: “sabéis que yo, en lo que respecta a Menganito, no puedo ser objetivo porque lo aprecio mucho. Su actuación en el partido de ayer…”
Somos periodistas y ponemos el tema en la palestra, somos personas y no podemos apartar nuestros cariños y nuestras repulsas hacia determinados individuos. Cuando, por la razón que sea, la subjetividad puede inundar más de lo normal la información que damos, la solución no es evitar el tema. Peor aún es dar esa información, cargada de subjetividad, como una información pura y dura, con apariencia total de objetividad.
En mi modo de entender esta profesión, creo que lo mejor es poner a la audiencia en aviso de tus palabras van influidas por el afecto hacia ese jugador, ese artista, ese político. Afecto que va más allá de su profesión y la tuya y que, por tanto, es personal. Es algo de lo que no te puedes desprender.
Dar una información poniendo en sobre aviso al oyente de la posible subjetividad de tus palabras, no es faltar a los principios del periodismo ni a la ética de esta profesión. Es justo lo contrario. Es admitir que tú, como persona que eres, hay veces que no puedes alejarte lo suficiente de ciertos temas de actualidad.
Faltar a la ética es, como ya he dicho, dar la información sesgada – evitando la parte de las críticas a nuestro amigo – o no darla. O presentarla como objetiva cuando está totalmente mediada. Eso sí es no respetar a tu audiencia.
En una sociedad de la información en la que la gente, cada vez más, demanda de los periodistas la interpretación y la opinión, tenemos que dejar claro cuál es nuestra predisposición inicial en según qué temas.

Amistades y rigor (I)


Martes 23 de diciembre.


En el desarrollo de la actividad periodística, unas veces sin quererlo y otras buscándolo, vamos conociendo a personalidades famosas, populares para el gran público. En algunos casos, casposillos del tres al cuarto que únicamente buscan la repercusión mediática con ánimo de lucro. En otros pueden ser actores, deportistas, políticos que comienzan su andadura por estos lares del famoseo y a los que tampoco les viene mal una ayudita mediática. Eso sí, entre los casposillos y éstos, media un abismo: los segundos han llegado hasta ahí por méritos propios mientras que los otros acaparan flashes por perder su dignidad a favor de una relación con algún personaje famoso.
El tercer caso es el del gran personaje. Actores – y actrices –, periodistas, deportistas, políticos, escritores, pintores, toreros, cineastas, etc. que lo han sido y lo son todo en el mundo en el que se mueven. Leyendas vivas dentro de su profesión. Gente que desarrolla su actividad profesional más que desde el punto de vista del trabajo, desde una perspectiva mística: tienen un don, nacieron con una magia, que los convierte en genios. Imagínense el caso de Robert Refford, Berlanga, Miquel Barceló, Iñaki Gabilondo, Adolfo Suárez, Rafa Nadal o Iker Casillas…
No es el propósito de esta entrada establecer una diferencia en grupos entre aquellas personas conocidas por las masas. A eso ya me dedicaré más adelante. Lo que quiero es dejar algunas de mis ideas claras.
Bien – retomo la intención de esta actualización -, en nuestro periodistiquear diario es posible que terminemos conviviendo con alguno de estos tipos de famosos. Yo, desde mi inexperiencia o corta experiencia, puedo decir que a algunos ya conozco. Desde mi punto de vista, la vulgaridad es la nota predominante entre todos ellos. A veces te preguntas por qué arrastran masas. Sinceramente, he tenido dificultades para llevarme de mis coleteos por el glamour madrileño alguna experiencia medianamente intelectual.
Al principio todo te parece mágico. Todas esas personas conocidas, famosas. Hombres y mujeres que empapelan paredes de quiceañeros y quinceañeras. Después llegas a casa y quitas tus posters al conocer en la distancia corta al protagonista de ese poster.
Sin embargo, a veces te encuentras con increíbles excepciones. Y, normalmente, suele pasar que provienen de ese tercer grupo: los referentes, los que lo son todo. Aquellos que más te impresionan, los que pueden llegar a ser auténticos mitos vivientes…son los que más cercanos se muestran en ocasiones.
Te acercas con prudencia, respeto y admiración. Y resulta que son ellos los que se cargan toda la cortesía y te dicen algo así como: “pero hombre, si yo no soy nadie. Lo que pasa es que la gente me ha dado fama”. Aunque no vuelvas a cruzar más palabras en tu vida con esa persona, te llevas una lección vital tremenda.
Ocurre que, en algunas veces, termina existiendo una buena química. Que ese famoso, ese gran periodista o ese gran escritor, o ese genio del celuloide, descubre en ti las suficientes capacidades personales como para querer llamarte una tarde y tomar algo contigo. Sabe que no eres de ese mundo del famoseo y quizá sea lo que realmente valora en ti.
Se fragua una amistad. Tú como periodista terminas viendo a esa persona no como una estrella en su campo, sino como un amigo tuyo. Y con frecuencia su nombre saltará a la portada de la información. Y sus trabajos siempre aglutinarán críticas positivas y negativas… y tú como periodista ¿qué haces? Y como amigo, ¿qué haces?

Mi primer reportaje, reportaje serio


Lunes 22 de diciembre

Hoy ha sido el día de alegría, el día en el que más felicidad y jovialidad desbordan los telediarios. Realmente, todos los 22 de diciembre son jornadas de júbilo entre un puñado de afortunados con el reparto del Sorteo Extraordinario de Navidad de la Lotería Nacional. Satisfacción basada en algo tan perecedero y material como es el dinero, pero más que comprensible. ¿Quién no descorcharía una (y dos y tres también) botella de champán si llevase uno de esos décimos premiados?
Aquel que no ha resultado agraciado debe consolarse con hojear mañana algún periódico y comprobar si la fortuna lo ha tocado de refilón en forma de pedrea o, también muy recurrido hoy, puede decir lo de lo importante es tener salud.
En mi caso, soy uno de los segundos. Me temo que he de continuar otro año más siendo tan pobre como el que más. Y de salud…bueno, ahí vamos. Sin embargo, a estas horas de la noche, cuando ya acaba el día, me siento satisfecho. Es la sensación que he tenido cuando he acabado de leer mi primer reportaje serio. Sí, el primero.
En la carrera de periodismo, de vez en cuando, los profesores solicitan ciertos trabajos similares a los que entregan los periodistas en una redacción. En la mayoría de las ocasiones eres consciente de que entregando cualquier cosa medianamente aceptable, tu profesor, te calificará bien. Son muy pocas las ocasiones en las que un profesor te motiva tanto que decides trabajar como un PERIODISTA, con mayúsculas.
Entre otros trabajos, este año nos pedían hacer un reportaje objetivo. De esos que solemos leer en los dominicales y suplementos de la prensa escrita. Yo quería hacer un buen reportaje, quería llevar a cabo algo más que un relato con características de reportaje objetivo.
Concibo el periodismo como Ryszard Kapuscinsky; es decir, cada crónica, cada relato, cada obra periodística debe tener un objetivo. La acción del periodista debe ser intencional.
Mi reportaje se llama “Cuando la realidad da por culo”. Intento poner de manifiesto las dificultades que se le presentan a un adolescente gay. Encuentra tanto rechazo en su mundo real, en su realidad, que necesita crearse otra realidad paralela a través de chats o de salidas nocturnas a escondidas. Termina viviendo una parte de él en la clandestinidad.
Si soy sincero, esta no era mi primera opción de reportaje. Terminé por decantarme al estar con un amigo gay. Al ver como su día a día estaba lleno de trampas, de pequeños detalles, que mermaban su calidad de vida. Decidí, de esta modesta manera, homenajearlo.
Mi conocimiento acerca del mundo gay era, más bien, escaso. Empecé a documentarme sobre adolescentes gays. Visitar webs, ver estadísticas y sí, también entrando en chats. Me sentía periodista. En una libreta apuntaba todo los datos. Tenía post-its por todo el escritorio. Llegué a obsesionarme con el reportaje, a todos mis amigos les hablaba, les contaba las historias que me contaban a mí. Incluyo bromeaban conmigo diciéndome que al final yo…jaja.
Alguna de las historias que escuche por teléfono o me contaron a través del Messenger fueron estremecedoras. Sentí verdadero sobrecogimiento por algunos de esos chavales. Jonny, de trece años, fue el que más me impactó. Pero yo no quería ser el amarillento periodista de un tabloide británico, aparté los detalles más escabrosos de mi reportaje. Si al leerlo podemos pensar que es duro – vulgar en algunas ocasiones por el léxico empleado –, en verdad digo que he omitido aspectos que provocarían en el lector la misma angustia que sentí yo al conocerlos.
Pero mi fin no era ese. Mi fin era dar a conocer, no una historia puntual, sino una situación: la de muchos chicos adolescentes que no pueden decir aquello que sienten, por mucho que su entorno presuma de progresista.
Durante más de tres semanas he estado inmerso en este mundo, llegándome – incluso – a mover por esos ambientes cual homosexual de mi edad.
Esta actividad, la periodística, tiene sus ventajas – conocer a famosos, estar cerca de quiénes son tus ídolos, ser leído o escuchado por mucha gente… – y también sus inconvenientes. Lo de andar por estos ambientes, lo de tener que conocer a chicos gays de otras partes de España, buscar estadísticas etc. no ha supuesto, para mí, ningún inconveniente. Estas tres semanas he aprendido más que en meses detrás del vacuo mundo del famoseo.
Asique hoy, en el día de la lotería, estoy contento. Contento con mi primer reportaje realizado como un periodista de verdad, de los de nacimiento. Quizá el título irrite al profesor, o tal vez alguna falta de puntuación o, sin ir más largo, no sea un reportaje objetivo… da igual Todo eso me da igual. Que los suspenda si quiere. Mi satisfacción hoy no va a residir en algo tan efímero como el dinero o una nota académica. Mi satisfacción está en las felicitaciones de aquellas personas que lo han leído y, especialmente, en el agradecimiento tácito de quien me inspiró para llevar a cabo este reportaje.

Hoy, yo también estoy henchido de alegría.

Entradas de navidad


Estas navidades, alejado del estrés y de la inmediated que supone internet, no he querido descuidar este blog.

Por eso adquirí el compromiso conmigo mismo de realizar cada día una entrada.


Ahí van.

Por cierto, feliz navidad.

jueves, 18 de diciembre de 2008

the reason is you




I'm not a perfect person


There's many things I wish I didn't do


But I continue learning


I never meant to do those things to you


And so I have to say before I go


That I just want you to know


I've found a reason for me


To change who I used to be


A reason to start over new


and the reason is you




I'm sorry that I hurt you


It's something I must live with every day


And all the pain I put you through


I wish that I could take it all away


And be the one who catches all your tears




That's why I need you to hear


I've found a reason for me


To change who I used to be


A reason to start over new


and the reason is you


and the reason is you


and the reason is you


and the reason is you




I'm not a perfect person


I never meant to do those things to you


And so I have to say before I go


That I just want you to know


I've found a reason for me


To change who I used to be


A reason to start over new


and the reason is you


I've found a reason to show


A side of me you didn't know


A reason for all that I do


And the reason is YOU






Porque tampoco somos una máquina. Porque el periodista es un individuo. "Yo soy yo y mis circunstancias". A veces esas circunstacias pesan demasiado. A veces una circunstancia es demasiado.

martes, 9 de diciembre de 2008

El endiosamiento en el periodismo


Hoy en día, el lector de prensa, el oyente de radio, el telespectador - en el caso de la televisión -, tiene en algunos periodistas auténticas figuras de culto. De tal forma que muchas de las opiniones que porfesa ese consumidor de medios, son creadas a partir del juicio emitido por su periodista de cabecera en el medio de cabecera.
Si además ese periodista - o licenciado en periodismo - es el "periodista de cabecera" de muchos miles de personas alcanzando un éxito -en cuanto a cuota de seguidores- grande...corremos el riesgo de que este periodista entre en un proceso de endiosamiento. Lo que habitualmente llamamos "creerselo".

Si la gente le otorga credibilidad a un periodista, si da por buenas sus opiniones, si lo sigue siempre que lo ve/oye/lee... es porque ese periodista hace bien su trabajo y conecta con el público.

Al endiosarse, empieza a cambiar. Todo aquello por lo que la gente lo veneraba ya no los sigue. Incluso empieza a infringir principios fundamentales del periodismo. No es muy raro que ciertos periodistas de relumbrón critiquen a una entidad o una persona si ésta no ha accedido a su petición mediática. En cambio, cuando entrevistan a un amigo suyo o dan una información sobre él, pueden despojarse de cualquier atisbo de ética que les quede para defender lo indefendible de su amigo.

Hay ejemplos muy evidentesm, como el del locutor radiofónico José María García en cuyos programas, en la época final de su carrera periodística, había una distinción tajante de buenos y malos.

Comentario aparte merecen los endiosados hipócritas. Buenos periodistas que lucharon durante su juventud contra dinosaurios periodísticos como García para hacer ver -en este ejemplo- que otra radio era posible. La lucha por demostrarlo y el propio talento personal les fue reportando credibilidad y audiencia, y con ello seguidores. Hasta que se endiosaron. En ese momento, todo aquello que criticaban de otros, de periodistas como García, lo hacían tal cual. Y en algunos casos aún más exageradamente.

Gracias a Dios, en este breve tiempo que llevo desarrollando la actividad periodística, he podido conocer a grandes profesionales que, a pesar de despertar admiración entre su audiencia, siguen siendo personas normales y corrientes.

Quizá eso sea lo mejor que te puedan decir sin un día en tu programa de radio tienes a dos millones de personas.

La imagen del periodista


Ayer estaba delante de la pantalla. Estaba viendo una de estas series que tanto tirón tiene: "Física o Química". Tal vez su éxito se deba al acercamiento a lo cotidiano, a que nos muestra el día a día de unos adolescentes de forma muy similar a realidad.


En el episodio de ayer aparece un personaje; uno de esos que ocupan una ínfima parte del capítulo y que no volverá a verse. Era un periodista. Un periodista merodeando por el colegio a tenor de una información un tanto amarillenta.

Los comentarios entre los demás personajes de la serie sobre el periodista y su ética no eran sino el comentario generalizado que existe en la sociedad sobre los periodistas. Algo así como que los periodistas son carroña.


Esa es la creencia sobre nuestra profesión. Somos gente que no respeta nada, que mete las narices dónde no debe, que es capaz de cualquier cosa con tal de publicar una noticia lo más morbosa posible, capaces de meter el micro en medio del llanto y el dolor de una familia que acaba de perder a un ser querido... Así se nos ve en la mayoría de los casos, por no mentar aquellos que igualan periodistas a mentira.


Más común que ese pensamiento, el de periodista=mentira, nos topamos con el de periodista= tergiversación de la realidad. En España, creo que la mayoría de la gente considera que los profesionales del periodismo -obvio decir que no considero periodismo a la información rosa - no se inventan las noticias; es más tienen una base totalmente real, los datos utilizados no se apartan de lo que ha sucedido...sin embargo, la gente tiene la sensación tras leer las noticias que el enfoque del periodista sí hace diferir al texto de la realidad.

Esto se acentúa cuando sobre el mismo hecho y utilizando los mismos datos dos peridistas nos cuentan cosas asombrosamente distintas. Partiendo de los mismo, el sentido de sus textos puede llegar a ser completamente contrario. Entonces la audiencia, el lector, lo entiende como una violación de la realidad.

No creen que el periodista mienta, saben que los datos que utilizan son verdaderos. Lo que le critican y censuran es que su actitud no sea la de contar toda la verdad. No quieren ser veraces.


Eso está manchando la imagen de nuestra profesión. Y tal vez, el lector, nuestro consumidor, no esté tan equivocado.

lunes, 8 de diciembre de 2008

punto de partida

Este blog nace con el propósito de hacer una reflexión periódica de lo que considero periodismo, de lo que creo que es el periodismo de hoy en día, de cómo se desarrolla el periodismo en los distintos medios de comunicación, etc.

Para empezar diré que lo titulo "periodista de nacimiento" porque, aunque suene elitista o excluyente, creo que el ejercicio de la actividad periodística no difiere tanto del de otra actividad cultural o deportiva en el sentido de ser algo innato. Me explico.

Para mí el ser periodista no es como ser médico: estudias en la facultad de medicina y al cabo de años de estudio y prácticas en hospitales te otorgan el diploma que te acredita como licenciado en medicina y, por ende, médico. En el caso del periodista yo distingo al licenciado en periodismo del periodista.

El primero es cualquier persona que con el suficiente tesón haya sido capaz de sacarse la licenciatura aprobando todas las asignaturas de una carrera bastante llevable.

El segundo, el periodista, desempeña de verdad la actividad del periodismo sin ni siquiera haber cursado estudios en una facultad de ciencias de la información. Se trata de algo innato, de una capacidad que se tiene o no se tiene, como el cantar, el pintar, el ser un jugador de élite...
No se puede decidir ser un periodista como tampoco puedo decidir ser escritor, ser músico o ser piloto de fórmula 1.
Creo que el verdadero periodista nace, no se hace. Por eso, a menudo escuchamos que lo que se aprende en una facultad de periodismo no vale para nada...y es que no podemos fabricar periodistas.

Hoy en día hemos igualado conceptualmente licenciados en periodismo a periodistas y eso está provocando que todo lo malo que nos encontramos en los medios de comunicación lo achaquemos a la ineptitud de los periodistas de hoy en día. Y ese es un grave error, sencillamente porque en la era de la información podemos encontrarnos en esos media: periodistas, licenciados en periodismo y también simples y meros escribientes del tres al cuarto.

Sé que esta reflexión puede suscitar rechazo. Pero es lo que pienso.
Seguiré posteando.