Viernes 26 de diciembre.
En los primeros años del siglo XXI se está gestando lo que en décadas venideras puede convertirse en la enfermedad que acabe con los principios fundamentales del periodismo: los grandes grupos de comunicación. Periódicos, radios, revistas, televisiones, páginas web… todo regido bajo un mismo consejo de administración. Como diría Kapuscinski, la última palabra ya no la tiene el periodista, sino que la tiene el ejecutivo que preside el medio. El periodismo está dejando de ser manejado por periodistas y va cayendo poco a poco en ejecutivos que sólo buscan ofrecer espectáculo que se traduzca en audiencia. Obviamente, la audiencia se traduce en dinero. Periodismo como empresa. Simple. Ese es el camino de nuestra actividad en los próximos decenios si nadie dice lo contrario.
Un reportero de un periódico, un redactor, cuando se coloca delante de la pantalla de su ordenador para escribir su artículo debe afrontar muchas dificultades censoras de antemano. En muchas ocasiones no puede citar con precisión sus fuentes asique, siguiendo los cánones del buen periodismo, debe verificar por otras vías esa información. Debe emplear un estilo cuidado para no herir a ciertas partes de la sociedad. Existen grupos de presión con los que no conviene meterse en un simple artículo para que tu carrera no caiga en desgracia… y, cómo si todo esto no fuera poco, el reportero también ha de velar por los intereses del medio en que trabaja, del medio y del grupo de comunicación al que pertenece el medio.
No solemos ver que ningún periodista pegue una rajada contra su propio diario o emisora de radio, entra dentro de lo previsible. Pero es que hoy día, tampoco puede emitir valoraciones negativas sobre otros medios del grupo. Cada vez aparecen más mordazas invisibles en el periodismo del siglo XXI.
Esta es una de las consecuencias para el periodista de la conversión de los en grupos de comunicación, de la conversión del periodismo en negocio. Se debería profundizar más en ella, pero quiero esbozar, no solo esta cuestión, sino el resto de perjuicios que creo que provocan la actual organización de los medios periodísticos.
También se está acabando con el periodista especializado. Toda la vida hemos visto auténticos tiburones del medio radiofónico, del medio escrito o de la televisión. A bote pronto, se me viene a la cabeza un caso muy significativo: Iñaki Gabilondo. Toda una institución en la radio. Su nombre debe ir escrito con letras versales en el medio radiofónico. La voz de Gabilondo forma ya parte de la historia de la radio española y, por supuesto, de la Cadena SER. Precisamente, esta emisora forma parte del mayor grupo de comunicación de España: el grupo PRISA. Hace ya unos años, el grupo PRISA decidió emprender una aventura en la televisión en abierto con el canal Cuatro. Fruto de esa des-especialización periodística en el que los profesionales van de un medio a otro o en todos a la vez, Iñaki Gabilondo dio su salto a la pequeña pantalla para conducir los informativos de la cadena.
Ahora, dos o tres años después, la mayoría de las opiniones hablan de gran error. A mí, particularmente me da pena ver como un periodista que lo ha sido todo en la radio se está batiendo el cobre entre la mediocridad viendo como otros luchan por los laureles televisivos.
Es solo un ejemplo, pero es bastante ilustrativo. Frecuentemente vemos en televisión a periodistas de la radio, leemos en la prensa a periodistas televisivos – en este caso es peor, porque muchos profesionales del medio televisivo no son, ni siquiera, periodistas – y escuchamos en radio a profesionales de prensa escrita. Como juntar en un cuenco todo y removerlo. Esto degenera el producto final que se le ofrece al espectador/oyente/ lector. Un periodista puede ser un genio en el medio escrito, puede ser el mejor – Francisco Umbral podía ser un ejemplo –, pero no por ello debe serlo en la televisión o en la radio. Que Matías Prats sea uno de los mejores presentadores de informativos de televisión, no significa que pueda conducir un magazine informativo en radio o su pluma sea tan exquisita que le sea lícito tener una columna diaria en un periódico.
¿Por qué no dejamos que los mejores en cada medio – escrito, radiofónico o televisivo – desarrollen su tarea en él y ya está? ¿No es mejor ofrecerla a nuestra audiencia los mejores profesionales en cada medio sin necesidad de degradar al propio periodista? ¿Es posible que un periodista sea bueno en todo? Si no es posible, ¿por qué nos hacen creerlo?
Sencillamente, porque han convertido – están en ello – el periodismo en un negocio y sale mucho más rentable. Sale más barato que un mismo periodista escriba en un periódico, tenga un programa en la radio y sea contertulio en los debates de televisión. Eso sí, todos perteneciendo al mismo grupo de comunicación. Además de resultar más barato, a corto plazo los resultados son mejores. El nombre de ese periodista que vemos hasta en la sopa dota de credibilidad y de prestigio al medio. La primera vez que vimos que los informativos de Cuatro los conducía Iñaki Gabilondo le dimos un voto de confianza. ¡El gran Iñaki! Sí, pero en radio. Si hubieran puesto una cara anónima tal vez, ni hubiéramos concedido ese beneficio a la duda.
Y la última consecuencia de este mundillo de los grupos de comunicación recae en la propia actividad. Se están reduciendo las oportunidades laborales. Quizá ahora se oferten más puestos, pero la oportunidad de llegar a ser un buen periodista es menor. Sencillamente porque los consejos de administración, que son los que tienen el timón, no quieren buenos periodistas. En primer lugar quieren a aquel que le proporciona audiencia, sea de la forma que sea. Y en segundo lugar quieren nombres. Nombres que por sí solos traigan audiencia.
Por eso hoy el periodista es una especie en vías de extinción a favor del profesional de la comunicación. De las facultades de Ciencias de la Comunicación no saldrán periodistas, sino profesionales de la comunicación que es lo que demandan esos tiburones empresariales que dirigen los medios.
¿Tiene esto retorno?
Un reportero de un periódico, un redactor, cuando se coloca delante de la pantalla de su ordenador para escribir su artículo debe afrontar muchas dificultades censoras de antemano. En muchas ocasiones no puede citar con precisión sus fuentes asique, siguiendo los cánones del buen periodismo, debe verificar por otras vías esa información. Debe emplear un estilo cuidado para no herir a ciertas partes de la sociedad. Existen grupos de presión con los que no conviene meterse en un simple artículo para que tu carrera no caiga en desgracia… y, cómo si todo esto no fuera poco, el reportero también ha de velar por los intereses del medio en que trabaja, del medio y del grupo de comunicación al que pertenece el medio.
No solemos ver que ningún periodista pegue una rajada contra su propio diario o emisora de radio, entra dentro de lo previsible. Pero es que hoy día, tampoco puede emitir valoraciones negativas sobre otros medios del grupo. Cada vez aparecen más mordazas invisibles en el periodismo del siglo XXI.
Esta es una de las consecuencias para el periodista de la conversión de los en grupos de comunicación, de la conversión del periodismo en negocio. Se debería profundizar más en ella, pero quiero esbozar, no solo esta cuestión, sino el resto de perjuicios que creo que provocan la actual organización de los medios periodísticos.
También se está acabando con el periodista especializado. Toda la vida hemos visto auténticos tiburones del medio radiofónico, del medio escrito o de la televisión. A bote pronto, se me viene a la cabeza un caso muy significativo: Iñaki Gabilondo. Toda una institución en la radio. Su nombre debe ir escrito con letras versales en el medio radiofónico. La voz de Gabilondo forma ya parte de la historia de la radio española y, por supuesto, de la Cadena SER. Precisamente, esta emisora forma parte del mayor grupo de comunicación de España: el grupo PRISA. Hace ya unos años, el grupo PRISA decidió emprender una aventura en la televisión en abierto con el canal Cuatro. Fruto de esa des-especialización periodística en el que los profesionales van de un medio a otro o en todos a la vez, Iñaki Gabilondo dio su salto a la pequeña pantalla para conducir los informativos de la cadena.
Ahora, dos o tres años después, la mayoría de las opiniones hablan de gran error. A mí, particularmente me da pena ver como un periodista que lo ha sido todo en la radio se está batiendo el cobre entre la mediocridad viendo como otros luchan por los laureles televisivos.
Es solo un ejemplo, pero es bastante ilustrativo. Frecuentemente vemos en televisión a periodistas de la radio, leemos en la prensa a periodistas televisivos – en este caso es peor, porque muchos profesionales del medio televisivo no son, ni siquiera, periodistas – y escuchamos en radio a profesionales de prensa escrita. Como juntar en un cuenco todo y removerlo. Esto degenera el producto final que se le ofrece al espectador/oyente/ lector. Un periodista puede ser un genio en el medio escrito, puede ser el mejor – Francisco Umbral podía ser un ejemplo –, pero no por ello debe serlo en la televisión o en la radio. Que Matías Prats sea uno de los mejores presentadores de informativos de televisión, no significa que pueda conducir un magazine informativo en radio o su pluma sea tan exquisita que le sea lícito tener una columna diaria en un periódico.
¿Por qué no dejamos que los mejores en cada medio – escrito, radiofónico o televisivo – desarrollen su tarea en él y ya está? ¿No es mejor ofrecerla a nuestra audiencia los mejores profesionales en cada medio sin necesidad de degradar al propio periodista? ¿Es posible que un periodista sea bueno en todo? Si no es posible, ¿por qué nos hacen creerlo?
Sencillamente, porque han convertido – están en ello – el periodismo en un negocio y sale mucho más rentable. Sale más barato que un mismo periodista escriba en un periódico, tenga un programa en la radio y sea contertulio en los debates de televisión. Eso sí, todos perteneciendo al mismo grupo de comunicación. Además de resultar más barato, a corto plazo los resultados son mejores. El nombre de ese periodista que vemos hasta en la sopa dota de credibilidad y de prestigio al medio. La primera vez que vimos que los informativos de Cuatro los conducía Iñaki Gabilondo le dimos un voto de confianza. ¡El gran Iñaki! Sí, pero en radio. Si hubieran puesto una cara anónima tal vez, ni hubiéramos concedido ese beneficio a la duda.
Y la última consecuencia de este mundillo de los grupos de comunicación recae en la propia actividad. Se están reduciendo las oportunidades laborales. Quizá ahora se oferten más puestos, pero la oportunidad de llegar a ser un buen periodista es menor. Sencillamente porque los consejos de administración, que son los que tienen el timón, no quieren buenos periodistas. En primer lugar quieren a aquel que le proporciona audiencia, sea de la forma que sea. Y en segundo lugar quieren nombres. Nombres que por sí solos traigan audiencia.
Por eso hoy el periodista es una especie en vías de extinción a favor del profesional de la comunicación. De las facultades de Ciencias de la Comunicación no saldrán periodistas, sino profesionales de la comunicación que es lo que demandan esos tiburones empresariales que dirigen los medios.
¿Tiene esto retorno?

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