Ayer estaba delante de la pantalla. Estaba viendo una de estas series que tanto tirón tiene: "Física o Química". Tal vez su éxito se deba al acercamiento a lo cotidiano, a que nos muestra el día a día de unos adolescentes de forma muy similar a realidad.
En el episodio de ayer aparece un personaje; uno de esos que ocupan una ínfima parte del capítulo y que no volverá a verse. Era un periodista. Un periodista merodeando por el colegio a tenor de una información un tanto amarillenta.
Los comentarios entre los demás personajes de la serie sobre el periodista y su ética no eran sino el comentario generalizado que existe en la sociedad sobre los periodistas. Algo así como que los periodistas son carroña.
Esa es la creencia sobre nuestra profesión. Somos gente que no respeta nada, que mete las narices dónde no debe, que es capaz de cualquier cosa con tal de publicar una noticia lo más morbosa posible, capaces de meter el micro en medio del llanto y el dolor de una familia que acaba de perder a un ser querido... Así se nos ve en la mayoría de los casos, por no mentar aquellos que igualan periodistas a mentira.
Más común que ese pensamiento, el de periodista=mentira, nos topamos con el de periodista= tergiversación de la realidad. En España, creo que la mayoría de la gente considera que los profesionales del periodismo -obvio decir que no considero periodismo a la información rosa - no se inventan las noticias; es más tienen una base totalmente real, los datos utilizados no se apartan de lo que ha sucedido...sin embargo, la gente tiene la sensación tras leer las noticias que el enfoque del periodista sí hace diferir al texto de la realidad.
Esto se acentúa cuando sobre el mismo hecho y utilizando los mismos datos dos peridistas nos cuentan cosas asombrosamente distintas. Partiendo de los mismo, el sentido de sus textos puede llegar a ser completamente contrario. Entonces la audiencia, el lector, lo entiende como una violación de la realidad.
No creen que el periodista mienta, saben que los datos que utilizan son verdaderos. Lo que le critican y censuran es que su actitud no sea la de contar toda la verdad. No quieren ser veraces.
Eso está manchando la imagen de nuestra profesión. Y tal vez, el lector, nuestro consumidor, no esté tan equivocado.

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