Hoy en día, el lector de prensa, el oyente de radio, el telespectador - en el caso de la televisión -, tiene en algunos periodistas auténticas figuras de culto. De tal forma que muchas de las opiniones que porfesa ese consumidor de medios, son creadas a partir del juicio emitido por su periodista de cabecera en el medio de cabecera.
Si además ese periodista - o licenciado en periodismo - es el "periodista de cabecera" de muchos miles de personas alcanzando un éxito -en cuanto a cuota de seguidores- grande...corremos el riesgo de que este periodista entre en un proceso de endiosamiento. Lo que habitualmente llamamos "creerselo".
Si la gente le otorga credibilidad a un periodista, si da por buenas sus opiniones, si lo sigue siempre que lo ve/oye/lee... es porque ese periodista hace bien su trabajo y conecta con el público.
Al endiosarse, empieza a cambiar. Todo aquello por lo que la gente lo veneraba ya no los sigue. Incluso empieza a infringir principios fundamentales del periodismo. No es muy raro que ciertos periodistas de relumbrón critiquen a una entidad o una persona si ésta no ha accedido a su petición mediática. En cambio, cuando entrevistan a un amigo suyo o dan una información sobre él, pueden despojarse de cualquier atisbo de ética que les quede para defender lo indefendible de su amigo.
Hay ejemplos muy evidentesm, como el del locutor radiofónico José María García en cuyos programas, en la época final de su carrera periodística, había una distinción tajante de buenos y malos.
Comentario aparte merecen los endiosados hipócritas. Buenos periodistas que lucharon durante su juventud contra dinosaurios periodísticos como García para hacer ver -en este ejemplo- que otra radio era posible. La lucha por demostrarlo y el propio talento personal les fue reportando credibilidad y audiencia, y con ello seguidores. Hasta que se endiosaron. En ese momento, todo aquello que criticaban de otros, de periodistas como García, lo hacían tal cual. Y en algunos casos aún más exageradamente.
Gracias a Dios, en este breve tiempo que llevo desarrollando la actividad periodística, he podido conocer a grandes profesionales que, a pesar de despertar admiración entre su audiencia, siguen siendo personas normales y corrientes.
Quizá eso sea lo mejor que te puedan decir sin un día en tu programa de radio tienes a dos millones de personas.
Si además ese periodista - o licenciado en periodismo - es el "periodista de cabecera" de muchos miles de personas alcanzando un éxito -en cuanto a cuota de seguidores- grande...corremos el riesgo de que este periodista entre en un proceso de endiosamiento. Lo que habitualmente llamamos "creerselo".
Si la gente le otorga credibilidad a un periodista, si da por buenas sus opiniones, si lo sigue siempre que lo ve/oye/lee... es porque ese periodista hace bien su trabajo y conecta con el público.
Al endiosarse, empieza a cambiar. Todo aquello por lo que la gente lo veneraba ya no los sigue. Incluso empieza a infringir principios fundamentales del periodismo. No es muy raro que ciertos periodistas de relumbrón critiquen a una entidad o una persona si ésta no ha accedido a su petición mediática. En cambio, cuando entrevistan a un amigo suyo o dan una información sobre él, pueden despojarse de cualquier atisbo de ética que les quede para defender lo indefendible de su amigo.
Hay ejemplos muy evidentesm, como el del locutor radiofónico José María García en cuyos programas, en la época final de su carrera periodística, había una distinción tajante de buenos y malos.
Comentario aparte merecen los endiosados hipócritas. Buenos periodistas que lucharon durante su juventud contra dinosaurios periodísticos como García para hacer ver -en este ejemplo- que otra radio era posible. La lucha por demostrarlo y el propio talento personal les fue reportando credibilidad y audiencia, y con ello seguidores. Hasta que se endiosaron. En ese momento, todo aquello que criticaban de otros, de periodistas como García, lo hacían tal cual. Y en algunos casos aún más exageradamente.
Gracias a Dios, en este breve tiempo que llevo desarrollando la actividad periodística, he podido conocer a grandes profesionales que, a pesar de despertar admiración entre su audiencia, siguen siendo personas normales y corrientes.
Quizá eso sea lo mejor que te puedan decir sin un día en tu programa de radio tienes a dos millones de personas.

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