domingo, 28 de diciembre de 2008

Amistades y rigor (II)


Miércoles 24 de diciembre, Nochebuena.


¿Qué trato hay que darle a la información de un amigo?
Sucede que los periodistas, los que de verdad son periodistas y no solo profesionales de la comunicación, somos también personas. Sucede que si tu aprecias a alguien será muy difícil emitir una opinión negativa sobre él. Y, aunque no tengas que emitir ninguna juicio, tus simpatías por esa persona te condicionarán la forma de presentar la pura y desnuda información.
Un buen profesor de la Facultad de Ciencias de la Información me enseñó que la objetividad no existe porque, entre otras razones, somos los sujetos quienes elaboramos las informaciones, las noticias. Hablemos de lo que hablemos, inconscientemente, mostramos más simpatías por una parte que por su contraria o viceversa. Más aún si se trata de un amigo.
Si nuestro amigo es un futbolista de gran nivel – por poner un ejemplo – y ha hecho un muy mal partido, si su actuación ha sido nefasta en un encuentro verdaderamente importante, no nos va a apetecer ni tan siquiera sacar el tema. Pero ¡ojo!, no vamos a negar el derecho a la información.
Somos periodistas. Y debemos presentar ese hecho. Y somos personas, y estamos en nuestra legítima opción de no participar en él. Me explico, siguiendo con el mismo ejemplo.
Si tenemos un programa deportivo es obvio que si el partido era importante y que si nuestro amigo es un jugador de gran nivel y ha hecho un mal partido, eso es noticia. Tu audiencia – no en términos numéricos, sino como personas que esperan de ti una información – precisará una interpretación de los hechos y, en el deporte, también una opinión.
Mi concepción del periodismo me dice que hay que poner sobre la mesa ese tema. ¿Cómo os explicáis el pobre rendimiento de Menganito en el partido de anoche? Serán muchas las opiniones vertidas por parte de colaboradores y contertulios del programa. Muchas de ellas, las negativas, te dolerán como amigo que eres de ese futbolista. Mantenerte al margen no lo veo como una opción posible. Si cada vez que la actualidad te salpica de cerca, te apartas, búscate otra profesión.
En este respecto me gusta mucho la fórmula empleada por el periodista radiofónico de la Cadena SER José Ramón de la Morena. Cuando se trata de hablar sobre noticias que afectan a amistades suyas siempre dice: “sabéis que yo, en lo que respecta a Menganito, no puedo ser objetivo porque lo aprecio mucho. Su actuación en el partido de ayer…”
Somos periodistas y ponemos el tema en la palestra, somos personas y no podemos apartar nuestros cariños y nuestras repulsas hacia determinados individuos. Cuando, por la razón que sea, la subjetividad puede inundar más de lo normal la información que damos, la solución no es evitar el tema. Peor aún es dar esa información, cargada de subjetividad, como una información pura y dura, con apariencia total de objetividad.
En mi modo de entender esta profesión, creo que lo mejor es poner a la audiencia en aviso de tus palabras van influidas por el afecto hacia ese jugador, ese artista, ese político. Afecto que va más allá de su profesión y la tuya y que, por tanto, es personal. Es algo de lo que no te puedes desprender.
Dar una información poniendo en sobre aviso al oyente de la posible subjetividad de tus palabras, no es faltar a los principios del periodismo ni a la ética de esta profesión. Es justo lo contrario. Es admitir que tú, como persona que eres, hay veces que no puedes alejarte lo suficiente de ciertos temas de actualidad.
Faltar a la ética es, como ya he dicho, dar la información sesgada – evitando la parte de las críticas a nuestro amigo – o no darla. O presentarla como objetiva cuando está totalmente mediada. Eso sí es no respetar a tu audiencia.
En una sociedad de la información en la que la gente, cada vez más, demanda de los periodistas la interpretación y la opinión, tenemos que dejar claro cuál es nuestra predisposición inicial en según qué temas.

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